Innovación & Financiación · Análisis

Europa está financiando la transformación tecnológica de la próxima década

El problema es que muchas empresas empiezan a buscar la financiación demasiado tarde. Una buena estrategia de financiación empieza con una decisión empresarial, no con una convocatoria.

1 de octubre de 20265 min de lectura
Europa financia la transformación tecnológica: mapa de Europa conectado con una ciudad del futuro y el recorrido de un proyecto financiado

Europa está financiando parte de la transformación tecnológica de la próxima década. El problema es que muchas empresas empiezan a buscar la financiación demasiado tarde.

La financiación pública de la innovación no debería comenzar cuando aparece una convocatoria. Debería empezar mucho antes, cuando la empresa decide qué quiere transformar y por qué.

Hay una escena que se repite más de lo que debería. Una empresa decide poner en marcha un proyecto de inteligencia artificial, automatización, ciberseguridad, digitalización industrial o cualquier otra iniciativa tecnológica relevante. Empieza a hablar con proveedores, calcula presupuestos, define qué quiere hacer y, en algún momento del proceso, alguien pregunta: “¿No habrá alguna ayuda para esto?”.

El problema es que ese momento suele llegar tarde. No porque ya no exista financiación disponible, sino porque se ha entendido la financiación como algo externo al proyecto, casi como una oportunidad adicional que puede aparecer cuando todo lo importante ya está decidido.

El error no está en buscar financiación. Está en cuándo se empieza a buscarla.

Europa lleva años orientando una parte importante de sus instrumentos de financiación hacia capacidades que considera estratégicas para su competitividad futura: inteligencia artificial, infraestructuras digitales, ciberseguridad, tecnologías críticas, innovación industrial, autonomía tecnológica o investigación avanzada.

Por eso, para una empresa, la cuestión no debería ser únicamente qué subvenciones están abiertas en este momento. La pregunta realmente interesante es otra: qué capacidades vamos a necesitar dentro de tres, cinco o diez años y qué parte de esa transformación podemos empezar a construir hoy aprovechando los instrumentos que existen para acelerar ese recorrido.

La diferencia entre ambas preguntas es enorme. En el primer caso, la empresa busca una convocatoria e intenta adaptar un proyecto. En el segundo, define primero hacia dónde quiere ir y después estudia cómo financiar mejor ese recorrido.

Una buena estrategia de financiación no empieza con una convocatoria. Empieza con una decisión empresarial.

Los buenos proyectos financiables nacen antes de la convocatoria

Un proyecto sólido no nace cuando se publica una ayuda. Nace cuando existe un problema empresarial relevante, una oportunidad real de transformación, una tecnología que tiene sentido para resolverla y una arquitectura suficientemente coherente para poder ejecutarla.

A veces, además, nace cuando ya existe el socio industrial adecuado, un centro tecnológico, una universidad o una empresa complementaria con la que construir algo que ninguna de las partes podría desarrollar sola.

La convocatoria llega después.

Y ese orden importa mucho más de lo que parece. Si una compañía diseña su transformación sin incorporar desde el principio la dimensión financiera, puede descubrir meses después que determinadas inversiones ya no son elegibles, que el proyecto no encaja con los requisitos de una línea concreta o que debería haberse estructurado de otra manera.

Entonces ocurre algo bastante frustrante: existe financiación potencial, existe un proyecto interesante y, sin embargo, ambos no terminan de encajar porque se diseñaron por separado.

La financiación también puede cambiar la velocidad

Hay otra dimensión que suele infravalorarse. La financiación no solo reduce coste; también puede cambiar la velocidad a la que una organización es capaz de innovar.

Pensemos en una empresa que identifica una transformación relevante de dos millones de euros. Si debe asumir toda la inversión directamente, probablemente decida dividirla en varias fases, retrasar alguna de ellas, reducir el alcance o posponer determinados experimentos tecnológicos.

Es una decisión perfectamente razonable.

Pero si consigue estructurar ese mismo proyecto de forma que una parte del riesgo tecnológico se comparta a través de programas públicos, o si combina diferentes fuentes de financiación, puede decidir avanzar antes, probar más rápido o desarrollar capacidades que de otra manera habría aplazado durante años.

Dos caminos hacia la innovación: un recorrido fragmentado y lleno de obstáculos frente a una plataforma integrada que avanza con rapidez
Integrar la financiación desde el inicio no solo reduce riesgo: puede acelerar la capacidad de ejecución.
En tecnología, la financiación no solo cambia cuánto cuesta un proyecto. Puede cambiar cuándo eres capaz de hacerlo.

Y en determinados mercados, empezar dos años antes puede ser mucho más importante que gastar un 10% menos.

El objetivo no es maximizar la subvención

Aquí conviene introducir un matiz importante.

No se trata de construir proyectos artificiales para perseguir ayudas. Eso sería exactamente lo contrario de lo que proponemos.

La financiación debería servir para acelerar proyectos que ya tienen sentido, no para justificar proyectos que no lo tienen.

Por eso, cuando una empresa tiene una estrategia de transformación clara, lo razonable es estudiar desde el principio cómo puede estructurarse financieramente cada parte del recorrido. Habrá proyectos que deban financiarse íntegramente con recursos propios, otros que tengan encaje en programas nacionales, algunos que requieran colaboración internacional y otros en los que tenga sentido combinar financiación pública, inversión privada y recursos propios.

Lo importante no es obtener la mayor subvención posible.

Lo importante es mejorar la capacidad de ejecución.

La transformación tecnológica será cada vez menos fragmentada

Durante los próximos años, la innovación empresarial no consistirá simplemente en incorporar herramientas nuevas.

La inteligencia artificial se irá integrando con automatización, datos, cloud, edge computing, IoT, ciberseguridad, identidad digital y nuevas infraestructuras empresariales. Muchas de estas tecnologías acabarán formando parte de un mismo sistema.

Eso obligará a las organizaciones a dejar de pensar en proyectos tecnológicos aislados y empezar a construir verdaderas arquitecturas de transformación.

Una arquitectura de este tipo debería responder simultáneamente a varias preguntas:

qué impacto empresarial buscamos, qué tecnología necesitamos, cómo vamos a ejecutarla y cómo vamos a financiar ese recorrido.

Comité de dirección ante una proyección que integra impacto empresarial, tecnología, ejecución y financiación
Estrategia, tecnología, ejecución y financiación deben diseñarse como partes de una misma transformación.

Cuando una de estas dimensiones se incorpora demasiado tarde, las demás suelen sufrir.

De buscar ayudas a construir capacidad

Europa está invirtiendo en determinadas capacidades porque considera que serán importantes para su competitividad futura. Las empresas, mientras tanto, tendrán que decidir qué papel quieren jugar en esa transformación.

No todas necesitarán inteligencia artificial avanzada. No todas tendrán que incorporar blockchain. No todas deberán prepararse hoy para la computación cuántica.

Pero prácticamente todas tendrán que decidir qué tecnologías pueden afectar de verdad a su negocio, cuáles conviene incorporar, cuáles es suficiente con vigilar y en qué momento tiene sentido actuar.

Y cuando esa decisión exista, entonces sí merece la pena preguntarse qué parte del camino puede financiarse.

Ahí está la diferencia entre entender la financiación como una subvención y entenderla como una herramienta estratégica.

En Tessermint entendemos la financiación precisamente así: como una parte de la arquitectura completa de transformación. Nuestra metodología la integra entre la definición del roadmap y el desarrollo, dentro de un recorrido que va desde el diagnóstico inicial hasta la implantación, operación y optimización continua.

No se trata de buscar dinero para una tecnología. Se trata de decidir correctamente qué transformación necesita la empresa y construir, desde el principio, las condiciones para hacerla posible.

¿Qué significa esto para su organización?

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